jueves, 19 de marzo de 2026

Ben Webster encounters Coleman Hawkins



Ronie Scott´s club en Londres

-¿Te acuerdas de aquella noche en el Ronie Scott´s? Estabas en todo lo alto, tenías al público disfrutando de lo lindo. 

-Si, fue una de esas noches. Ya sabes...

-¿Inspiradas?

-Eso... Todo salía como debe ser. Tú sabes a lo que me refiero.

-Cuando te olvidas de todo y sueltas lo que llevas dentro, solo tú y el saxo. Cuando no tienes ni siquiera la sensación de estar tocando un instrumento. ¿Es eso, no?

-Eso es. Yo  no lo habría definido mejor.

-Nunca había escuchado soltar tal cantidad de notas en una sola canción... ¿Tienes un cigarrillo?

-Toma, pero acércate a pedirme un bourbon ¿quieres?...

-Voy, yo me tomaré otro.

-Mira, Ben, ya sabes que llevo tocando profesionalmente desde los doce años. Una jodida eternidad. Y en todo ese tiempo he buscado darle la mayor expresividad al instrumento, una obsesión que no me dejaba tranquilo. En aquélla época era algo nuevo, no se tocaba el saxo, casi nadie hacía jazz con él... Pero chico, lo tengo que reconocer, eres el jodido rey del fraseo...

-Jajajaja... Bueno, digamos que algo aprendí del mejor. ¿Otro bourbon?

-¡Venga, ya estás tardando! jajajaja. Toma otro cigarrillo, anda. Ya sé que me lo vas a pedir igualmente.


-¿Fue en el 59, no?

-Creo que sí, no lo sé, ya no me acuerdo. Amigo, llevo tanto tiempo tocando por todo el mundo que se me mezclan fechas y ciudades. Ni me acuerdo de cuándo me largué de Kansas City; era casi un crío... Aún no había empezado con el saxo y tocaba el piano en Amarillo para jodidas películas mudas, jajaja...

-Ya... Y luego los años con Duke, en la orquesta. ¡Qué tiempos!

- El viejo Duke, si...

-Bueno chico, qué quieres que te diga... ¡Estoy seco! Recordar me da sed.

-¡Vengan otros dos bourbon!

-Dame fuego. 

-Toma otro cigarrillo.

Los ojos saltones de Ben Webster miran entre el humo y los vapores del alcohol a su colega Coleman Hawkins. Los nudos de las corbatas están flojos, las camisas un tanto arrugadas, los sombreros ladeados... La mesa llena de vasos vacíos.

Al lado, sobre los soportes, los dos saxos con los que habían estado tocando aquélla noche son por una vez mudos testigos del encuentro entre dos de los más grandes saxofonistas de la historia.

Hay una calle en el sur de Copenhague llamada "Ben Websters vej". Allí pasó los últimos nueve años de su vida.

Su amigo descansa en el cementerio de Woodlawn, en el Bronx.

La música de ambos permanecerá viva siempre...

Ben Webster

Coleman Hawkins


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