"Levantó la vista del libro y vio que el hombre, con los ojos clavados en ella, empezaba a hablar en la penumbra."
Michael Ondaatje. El paciente inglés.
De sus labios comenzaron a brotar las palabras en un murmullo sibilante, como resbalando a pequeños borbotones sobre la sábana que lo cubría, subiendo lentamente, deslizándose por el aire denso e inmóvil y llenando poco a poco los huecos vacíos de la habitación. Notaba la boca seca, como con arena, pero no quería beber de momento. Le vino a la mente la visión de la cantimplora en la mano de Selim, que le hizo perder el juicio cuando estuvo a punto de sufrir la muerte por sed y los sudaneses le rogaron entre sollozos que se mantuviese tranquilo, pues aún no debía comenzar a beber... Lo tenía fresco en su memoria, como si hubiese sucedido en un pasado reciente, aunque ya había transcurrido mucho tiempo de aquello. Los vientos del desierto habían ido haciendo su trabajo, pero no habían conseguido borrar ciertos recuerdos.
Decía, como quien recita una lección bien aprendida de memoria:
-"¿Sabes que el desierto de Libia es una de las zonas más secas de la tierra y el contenido de humedad desciende durante el día a un porcentaje inconmensurablemente escaso? Algunos beduinos me contaron que en los meses de verano, e incluso en algunos días de primavera, cuando sopla el viento cálido del sur, la agonía de quienes mueren de sed puede comenzar ya a las ocho horas de la última ingestión de líquido. Nosotros no habíamos bebido nada desde hacía once."
-"Allí, en el Uadi Abd El Melik, aprendí que en el desierto sólo se puede cometer un error una vez; también aprendí sobre los vientos, que pueden ser tan distintos y cambiantes como las circunstancias de la vida."
-Los vientos...
-¿Quieres que te hable de los vientos, Hana?
-Si, cuénteme cosas de los vientos. Hace mucho calor aquí, le contestó mientras miraba hacia afuera desde la penumbra.
-En el sur de Marruecos hay un viento en forma de torbellino, el aajej, contra el que los fellahín se defienden con cuchillos. Otro es el africo, que a veces ha llegado hasta la ciudad de Roma. El alm, viento otoñal, procede de Yugoslavia. El arifi, también llamado aref o rifi, abrasa con numerosas lenguas. Ésos son vientos permanentes, que viven en el presente.
-¿Y hay más?. Siga, por favor.
-Hay otros menos constantes que cambian de dirección, pueden derribar a un caballo y su jinete y se reorientan en sentido contrario a las agujas del reloj. El bist roz azota el Afganistán durante ciento setenta días... y entierra aldeas enteras. Otro es el caliente y seco ghibli, procedente de Túnez, que da vueltas y más vueltas y ataca al sistema nervioso. El hahoob es una repentina tormenta de polvo procedente del Sudán que se adorna con brillantes cortinas doradas de mil metros de altura y va seguida de lluvia. El harmattan sopla y después se pierde en el Atlántico. Imbat es una brisa marina del África septentrional.
-Algunos vientos se limitan a suspirar hacia el cielo. Hay tormentas nocturnas de polvo que llegan con el frio. El jamsin, bautizado con la palabra árabe que significa "cincuenta" porque sopla durante cincuenta días, es un polvo que se levanta en Egipto de marzo a mayo. El datoo procede de Gibraltar y va acompañado de fragancias.
-El nafhat es una ráfaga procedente de Arabia. El mezzarifoullousen, violento y frío procede del sudoeste. El beshabar "viento negro" es otro viento sombrío y seco procedente del nordeste, del Cáucaso. El samiel procede de Turquía y se aprovecha a menudo en las batallas.
-Las tormentas de polvo revisten tres formas: el remolino, la columna y la cortina. En el primero desaparece el horizonte. En la segunda te ves rodeado de "djinns danzantes". La tercera, la cortina, aparece teñida de cobre: la naturaleza parece arder.
-Me cuesta un considerable esfuerzo seguir recordando, Hana...
-Déjelo entonces. Debe descansar...
Ralph Fiennes, o el conde Almásy, aferra con sus manos quemadas el ejemplar de las "Historias" de Heródoto, manoseado, ajado y plagado de notas y antiguas fotos que siempre lo acompañó en sus viajes por el desierto desde El Cairo hasta aquella cueva de Gilf Kebir, donde tuvo que dejar a Kristin Scott-Thomas, o Katharine, tras el accidente con la avioneta.
El conde Lázlo Almásy, o Ralph Fiennes, quiso explorar el desierto y vivir lejos, en espacios infinitos, bajo cielos tan limpios que hicieran que todos los demás parecieran intentos fallidos, y noches perturbadoras en las que no quedaba más que el propio aliento y los latidos del corazón. Pasó el "bapteme de la solitude". Sabía que nadie que hubiera permanecido en el Sáhara durante algún tiempo seguía siendo la misma persona que cuando fue allí... Quiso probar coches y volar avionetas en condiciones extremas. Quiso estar fuera. Lejos de Europa, de las convenciones, y acabó atrapado en una guerra.
Hana, o Juliette Binoche, la enfermera canadiense, nunca quiso ir a una guerra. Tampoco imaginó que pasaría un tiempo en aquélla villa cuidando a un misterioso paciente moribundo y enamorada de un hindú cuya vida pendía de un hilo cada vez que desactivaba una mina... Kip... Ese era el nombre del zapador de pelo oscuro y largo bajo el dastar sij...
Katharine Clifton, o Kristin Scott-Thomas nunca pensó morir sola en una cueva en el desierto. Nada mas alejado del deseo de una mujer blanca y noble, acostumbrada a la sociedad mundana y sus reglas...
Un accidente de avioneta la dejó alli.
Willem Dafoe, o Caravaggio, nunca esperó buscar morfina en una villa derruida de La Toscana. Un ladrón sin fortuna y sin dedos en un lugar en el que poco había que robar. Como Hana, solo buscaba un sitio en el que refugiarse y encontrar algo de sentido a su vida. Y como ella, lo encontró a él. Al paciente. A Lázlo, el explorador del desierto. El hombre sin rostro y sin pasado. El aventurero, espía, apátrida. Un tipo solitario, extremo, duro y delicado. Uno de esos seres atemporales, supervivientes, en cierto modo descubridores de lo propio y lo colectivo. Uno entre un millón... Capaz de lo mejor y lo peor. La esencia del ser humano.
Hay personas a las que el destino pone en el sitio que no les corresponde. No fue su caso. Hay seres grises y temerosos en territorios de aventura y en épocas cruciales. Y viceversa, seres aventureros atrapados por las a veces aburridas circunstancias vitales... No fue así con Ladislaus Almásy.
También hay vientos que barren el desierto y vientos que mueven el mar; vientos como las vidas de las personas. A veces violentos, a veces calmados; a veces cálidos, a veces fríos; soplando en todas direcciones.
Viento como parte fundamental de la vida del marino a vela; viento para volar aeroplanos que a veces se estrellan en el desierto... Viento...






No hay comentarios:
Publicar un comentario