No la vio venir
Navegó esforzado y despreocupado durante años; entre temporales, chubascos, calmas, mala mar, incontables días bellos y soleados; calurosos y fríos; otros tantos
aburridos y extraños,
Hasta que un día llegó...
Ella
La ola
Les puso popa al cielo, casi vertical, con un rugido sordo y envolvente de animal salvaje;
bajo la resaca vislumbraron oscuridades rocosas y algas anchas de verde brillante,
estuvieron en la cresta y luego vino lo peor…
La bajada
Brusca, violenta, de alguna manera desconcertante;
alcanzaron velocidad de vértigo;
Al parar, el revolcón les dejó ciegos en un centrifugado de espumas blancas y ruido de conchas,
creyeron desaparecer...
Después vino la calma. Y no fue mucho mejor.
El barco flotaba aun.
Las maderas abiertas, los mástiles desarbolados, el agua corría en las
sentinas.
Pero flotaba…
Quedó la incierta alegría de estar vivos y la ardua tarea de
la supervivencia y la reconstrucción,
pero las secuelas del
naufragio permanecieron.
Vinieron otros barcos; ya nunca fue el mismo capitán. No podía ser.
Así es la ley del mar; olas sucediéndose unas tras otras eternamente, arrasando, inagotables; indiferentes a las ocupaciones de los hombres en sus dominios;
Desgastándolos como a las piedras redondas de las playas
recónditas…
Y él lo sabía...


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