domingo, 30 de noviembre de 2025

Mala mar




No la vio venir

Navegó esforzado y despreocupado durante años; entre temporales, chubascos, calmas, mala mar, incontables días bellos y soleados; calurosos y fríos; otros tantos aburridos y extraños,

Hasta que un día llegó...

Ella

La ola

Les puso popa al cielo, casi vertical, con un rugido sordo y envolvente de animal salvaje;

bajo la resaca vislumbraron oscuridades rocosas y algas anchas de verde brillante,

estuvieron en la cresta y luego vino lo peor…

La bajada

Brusca, violenta, de alguna manera desconcertante; alcanzaron velocidad de vértigo;

Al parar, el revolcón les dejó ciegos en un centrifugado de espumas blancas y ruido de conchas,

creyeron desaparecer...

Después vino la calma. Y no fue mucho mejor.

El barco flotaba aun.  Las maderas abiertas, los mástiles desarbolados, el agua corría en las sentinas.

Pero flotaba…

Quedó la incierta alegría de estar vivos y la ardua tarea de la supervivencia y la reconstrucción,

pero las secuelas del naufragio permanecieron.

Vinieron otros barcos; ya nunca fue el mismo capitán. No podía ser.

Así es la ley del mar; olas sucediéndose unas tras otras eternamente, arrasando, inagotables; indiferentes a las ocupaciones de los hombres en sus dominios;

Desgastándolos como a las piedras redondas de las playas recónditas…

Y él lo sabía...


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